Los templarios de la Encomienda de Sevilla participaron en una campaña de recogida de ayuda para los damnificados de Grazalema (Cádiz) afectados por las lluvias y las inundaciones, entregando ropa, calzado, pañales para adultos, alimentos, juguetes y otros productos de primera necesidad. Esta acción solidaria, realizada junto a los voluntarios y entidades que atendían a las familias desplazadas, forma parte del compromiso cristiano de servicio, caridad y ayuda al prójimo del Priorato de Andalucía.
Cuando el viento arrasa los techos y el agua invade los hogares, el caballero de Cristo no pregunta quién es digno o no; va donde es más urgente servir. El hombre caído al borde del camino es hoy la familia que lo ha perdido todo por las lluvias. Y el templario no pasa de largo.

El pasado sábado 14 de febrero de 20206 tuvo lugar la entrega del material recogido en el polideportivo municipal de Ronda, donde se alojan los damnificados de Grazalema. Bajo cielos aún cargados de humedad y memoria de tormenta, los hermanos templarios de Sevilla emprendieron camino hacia las sierras heridas, donde la lluvia reciente había dejado hogares dañados, familias desplazadas y corazones probados por la adversidad.
No hubo trompetas ni estandartes desplegados al viento. Solo coches cargados con ropa limpia, zapatos resistentes y chaquetones para el frío. Y algo especialmente necesario, tantas veces olvidado en medio de la urgencia: pañales para adultos destinados a nuestros mayores, los más frágiles entre los frágiles.
El material entregado constaba de 200 pañales de adultos, 300 batidos proteicos,
1 cuna-parque, 90 juegos de set de afeitado, 9 k de juguetes didácticos varios, 15 k de calzado variado H/M, 22 k de calzado de niño/a, 16 k de ropa de bebé, 26 k de ropa de mujer,
43 k de ropa de hombre, 21 k de ropa de niño/a.
La caridad no hizo ruido. Hizo presencia.
Al llegar, el recibimiento no fue solemne, sino humano: miradas cansadas, abrazos contenidos, palabras sencillas. Cada caja entregada llevaba algo más que tela y caucho; llevaba dignidad restaurada.
Como está escrito en el Evangelio según San Mateo (25:35-36):
«Porque tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber; fui forastero y me acogisteis; estaba desnudo y me vestisteis…»
En aquellas calles aún húmedas, el Evangelio no se leyó: se practicó.
Los hermanos, revestidos con la cruz roja que no es símbolo de poder sino de servicio, recordaban también las palabras del Libro de los Salmos (82:3-4):
«Defended al débil y al huérfano, haced justicia al humilde y al necesitado. Librad al pobre y al indigente».
Y así lo hicieron. No preguntaron por ideologías ni por credos. La tormenta no distingue, y la caridad tampoco.
Uno de los momentos más conmovedores fue la entrega de una cuna-parque a una de los miembros de la Cruz Roja que también lo había perdido todo bajo el agua. Un gesto sencillo que evocaba aquellas palabras del Evangelio según san Lucas (10:33-34), al narrar al Buen Samaritano:
«Al verle, se compadeció; acercándose, vendó sus heridas… y cuidó de él».
En Grazalema no hubo caminos polvorientos de Judea, sino pueblo andaluz. Pero la compasión fue la misma.
Los mayores recibirán los pañales con discreción y gratitud silenciosa. Los hombres, mujeres, niños y bebés que allí esperaban sentados en las gradas a la hora del almuerzo recibirán ropa limpia y recién planchada, con un agradable olor a suavizante, igual que las tenían en sus casas. Pronto regresarán a sus hogares y se enfrentarán a lo más duro: abrir las puertas y rezar para que el agua no lo haya destruido todo. Allí se comprendió que la verdadera caballería no es la de la espada, sino la de la ternura respetuosa.
El día concluyó con una breve oración compartida, bajo un cielo ya abierto pero dejando paso al frío de la serranía:
«Cercano está el Señor a los quebrantados de corazón»
(Libro de los Salmos 34:19).
Y esa cercanía se hizo visible en cada abrazo, en cada caja descargada, en cada mirada que recuperaba esperanza. Los templarios regresaron a Sevilla sin gloria humana, pero con la certeza de haber servido al mismo Cristo en el rostro del necesitado.
Esta acción fue posible gracias a los hermanos de la Encomienda de Sevilla que, en el momento del desastre ocasionado por las aguas, comenzaron a trabajar sin dudar: colgaron carteles en sus trabajos, buscaron una furgoneta que el día de recogerla tenía encendido el testigo de fallo motor, organizaron la recogida y la carga.
Es de agradecer especialmente el esfuerzo del Hermano Emilio Mesa, que no teniendo bastante con recoger él solo en Sevilla capital, al estropearse la furgoneta no dudó: salió de trabajar a las 7 de la mañana y vino a Castilblanco a llenar su coche y meterse en carretera.
Lo más doloroso fue tener que dejar atrás un palet de botellas de agua y varias cajas que no cabían en los coches.
Porque cuando la lluvia arrasa, la caridad reconstruye. Y cuando el viento y el agua derriban muros y abren puertas, la fraternidad levanta almas.
FR.✠✠ Jose Manuel Sánchez.
-Preceptor Nacional.
-Maestro de Ceremonias del Priorato de Andalucía.
-Canciller de caridad delegación de Andalucía ONG Templarios del Mundo.
-Canciller de la Encomienda de Sevilla.
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